Viernes, 7 de agosto de 2009
Los centros de energía del DOE se encuentran al borde del abismo
Los centros de investigación concebidos para acelerar los estudios relacionados con la energía se enfrentan a una dura batalla en el Congreso de los EE.UU.
Por Kevin Bullis Traducido por Francisco Reyes
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Los Nobels de Bell: Steven Chu, durante una charla en MIT acerca de los centros de innovación energética, mencionó el éxito de los Laboratorios Bell a la hora de estimular la invención. Vemos una diapositiva de su charla, en la que figuran los inventores del transistor y los primeros en Bell Labs en ganar los que serían muchos Premios Nobel, incluyendo a Chu.
Fuente: MIT World/Technology Review
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Un importante intento para modernizar la investigación y el desarrollo dentro del Departamento de Energía (DOE), y que el Secretario de Energía, Steven Chu, considera crítico a la hora de solucionar los problemas relacionados con la energía, se encuentra en la cuerda floja mientras que la administración de Obama intenta convencer a un Congreso dominado por el escepticismo.
El mes pasado los comités de la Cámara y el Senado de los EE.UU. responsables de conceder fondos al Departamento de Energía detuvieron la propuesta de Chu denominada como “Centros de Innovación Energética”. La Cámara denegó financiación para todos los centros propuestos excepto uno, y el Senado sólo financiará tres y de forma provisional. El comité de la Cámara calificó los centros como redundantes y criticó al Departamento de Energía por su falta de planificación y claridad en las comunicaciones relacionadas con ellos. Desde entonces, el departamento ha emitido una serie de cuentas mucho más detalladas en relación a los centros, y la administración de Obama ha señalado que “se opone enérgicamente” a la decisión del comité de reducir los fondos requeridos.
Cada uno de los centros serviría para reunir bajo un mismo techo a los mejores investigadores, para juntos enfrentar uno de los ocho “grandes retos” relacionados con la energía. Los centros estarían diseñados siguiendo las líneas del Proyecto Manhattan, que desarrolló la bomba atómia, y los legendarios Laboratorios Bell, donde la invención del transistor y el desarrollo de la teoría de la información, entre otras cosas, hizo posible que se creara la industria del semiconductor e internet.
“Lo que intentamos hacer es crear un gran sentido de urgencia para así llegar a las soluciones,” afirma un informe del DOE emitido como respuesta a las críticas provenientes del congreso.
La idea de crear centros se inspira en los días en que el propio Chu trabajaba como investigador en Bell Labs. En estos centros de investigación, a los que se dedica una gran cantidad de fondos, se podían encontrar a los mejores investigadores, que tenían la autoridad para decidir rápidamente si financiar un nuevo proyecto o no, basándose en discusiones con los investigadores a los que se les ocurrió la idea en principio. “Podíamos decir que no en una hora, y se podía decir que sí en un día o una semana,” afirmó durante una charla hace poco en MIT. Es más, la gran proximidad de los grandes expertos líderes en una variedad de campos hacía que resultase fácil averiguar qué tipo de trabajos se habían llevado a cabo en un área y qué errores debían evitarse. Después de hablar con un par de personas, “probablemente estabas sentado frente a un experto mundial,” afirmó. En Bell Labs, se cubría toda la gama dentro de la investigación, desde los esfuerzos más básicos por explorar cómo funciona el mundo hasta las investigaciones que ponían en práctica esos descubrimientos y servían para desarrollar soluciones técnicas—fases de la investigación y el desarrollo que normalmente se mantienen de forma separada en las universidades y los laboratorios nacionales.
Estos centros de innovación seguirían este mismo método, con los directivos localizados en los mismos centros en vez de detrás de una mesa de escritorio en Washington. Recibirían financiación completa para cinco años, liberando a los investigadores de los ciclos de financiación anuales que tanto dificultan la planificación. Y la financiación sería sustancial—35 millones de dólares para el primer año, y 25 millones cada año sucesivo. En comparación, los proyectos de investigación de las universidades normalmente reciben 150.000 dólares al año. Para obtener una segunda ronda de cinco años de financiación, los centros deberían probar un progreso significativo a la hora de demostrar que las nuevas tecnologías funcionan, con el objetivo de desarrollar algo que la industria pudiese llevar al mercado.
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