Miércoles, 22 de julio de 2009
Las grandes petroleras se pasan a las algas
ExxonMobil invierte 300 millones de dólares en Synthetic Genomics para desarrollar biocombustibles a partir de algas.
Por David Ewing Duncan Traducido por Francisco Reyes
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Desarrollo verde: Synthetic Genomics y ExxonMobil están colaborando en el desarrollo de algas fotosintéticas para elaborar biocombustibles.
Fuente: Synthetic Genomics
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Dos de las pasiones más recientes de Craig Venter han consistido en recorrer la Tierra a la búsqueda de microbios y otras criaturas diminutas que logren revelar la diversidad de la vida, así como la creación y rediseño de la propia vida a través de la biología sintética.
Siempre pensando a lo grande, Venter tampoco ha dudado a la hora de mezclar investigación y comercio en su aventura por financiar sus proyectos y hacer que avancen. En los años 90 creó Celera Genomics, con más de mil millones de dólares de financiación, para competir con el proyecto público de secuenciación del genoma humano.
Llega un momento, me dijo una vez, en que los proyectos necesitan el tipo de recursos a gran escala que se dan en el sector privado, para así poder hacerse más grandes y finalmente implementarse. En este caso, el objetivo es producir un combustible alternativo al petróleo que sea viable y—cabe la posibilidad, insiste—que pueda reducir los niveles de carbono que se emiten en el aire cuando el petróleo se quema.
La semana pasada, ExxonMobil anunció su compromiso de invertir 300 millones a lo largo de cinco o seis años en Synthetic Genomics, que Venter fundó y de la que ahora es director general, y dedicar 300 millones adicionales a un programa interno complementario enfocado en las algas.
El objetivo es aprovecharse de la capacidad de las algas para transformar de forma eficiente la luz del sol en lípidos que se pueden convertir con relativa facilidad en diesel, gasolina y, posiblemente, incluso en hidrocarburos avanzados y utilizados en la fabricación de plásticos, componentes químicos y otros productos.
Si se mide por barriles, el combustible de algas proporciona de tres a cuatro unidades de energía por cada unidad utilizada para fabricarlo—una proporción que se aproxima a los niveles de eficiencia de 1-5 del petróleo. La proporción que se obtiene al fabricar etanol a partir del maíz es de sólo 1,2 a 1, según algunos estudios. Incluso en la fabricación de etanol a partir de plantas celulosas como el pasto, los investigadores pueden alcanzar proporciones de 2,5 a 1.
La compañía de Venter ha estado desarrollando unas cepas de algas biomodificadas que aumentan significativamente la producción de lípidos y, en algunos casos, pueden llegar a producir hidrocarburos de forma directa. Sin embargo, Venter y Emily Jacobs, vicepresidenta senior de I+D en ExxonMobil Research and Engineering, ponen énfasis en que sus compañías colaborarán para investigar cualquier opción viable que permita que las algas se conviertan en la mayor de las fuentes de energía.
Desde que empezaron las investigaciones con algas en los años 70 en el Departamento de Energía—como parte de los intentos del Presidente Jimmy Carter por desarrollar combustibles alternativos después de los sustos que provocó el petróleo por aquella época—han salido a la luz una serie métodos distintos.
En primer lugar se encuentra un sistema de estanque abierto que cultiva las algas bajo el sol. Otro método consiste en un sistema cerrado, sin sol, que distribuye el carbono procedente de las materias primas entre un grupo de algas suspendidas en tanques de fermentación. Un tercer tipo consiste en un sistema cerrado de birreactor que utiliza la luz del sol.
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