Lunes, 13 de julio de 2009
La paradoja del Avastin
¿Qué hace que el fármaco anti-cáncer de Genentech funcione mejor en algunos pacientes que en otros?
Por David Ewing Duncan Traducido por Francisco Reyes (Opinno)
Los intentos por diseñar fármacos contra el cáncer utilizando los últimos avances en biología molecular a veces me recuerdan a Galileo Galilei y su moderno telescopio. Cada vez que observaba el cielo por la noche, usando en cada ocasión instrumentos más potentes, aparecían más y más estrellas, dificultando la posibilidad de que alguien pudiera llegar a contarlas todas algún día.
Esta es la analogía: cada vez que los nuevos descubrimientos y tecnologías parecen aportar respuestas a los problemas médicos, también añaden nuevas capas de complejidad y costes.
Así ha ocurrido con uno de los mayores avances en cuanto a diseño de racionalización de fármacos durante la década pasada: Avastin, un fármaco anti-cáncer producido por Genentech, y que utiliza un enfoque totalmente alejado de la alta toxicidad de las quimioterapias para intentar eliminar los tumores. Avastin es un anticuerpo que funciona mediante el bloqueo del suministro de sangre al tumor.
Avastin fue aprobado por la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) con gran éxito en 2004, y hoy día se utiliza para tratar el cáncer de colon, pecho, pulmón y—desde el mes pasado—de cerebro. Hace cinco años, Mark McClellan, por aquel entonces miembro de la comisión de la FDA, definió la autorización del Avastin como “prueba de lo prometedoras que resultan las innovaciones biomédicas.”
Desde aquel entonces, la idea racional en la que se basó el diseño del fármaco ha dado paso una serie de resultados inesperadamente complejos.
Avastin cuesta 55.000 dólares por cada curso de terapia, y proporciona a Roche, que adquirió Genentech a principios de este año, 4.800 millones de dólares al año. Sin embargo, el fármaco sólo amplia la esperanza de vida una media de dos meses en comparación con otros medicamentos contra el cáncer.
Para algunos pacientes, el impacto sobre la esperanza de vida es mucho mayor, aunque para otros el medicamento no sirve para nada. Los resultados también varían en función del tipo de cáncer. Las pacientes de mama no ven su esperanza vital incrementada, y hasta un 26 por ciento de los pacientes con cáncer de cerebro ven un incremento medio de cuatro meses—algunos pacientes experimentan incrementos mucho mayores.
El fármaco también puede ayudar a que algunos—aunque no todos—pacientes puedan seguir el tratamiento con pocos efectos secundarios, afirma el oncólogo David Agus, director del Centro contra el Cáncer Westside en la Universidad de Southern California.
“El problema es que no sabemos identificar qué pacientes responderán al tratamiento,” afirma el oncólogo Eric P. Winer, director del Centro de Oncología de Mama en el Instituto contra el Cáncer Dana-Farber. “Así que nos vemos obligados a probar Avastin en un gran número de personas.”
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